Mateo 28:19 Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (RV2015)
La visión de nuestra iglesia no brota del corazón humano, sino del corazón mismo de Dios. Fue Él quien nos encomendó la misión de hacer discípulos, y en esa instrucción encontramos el fundamento de todo lo que somos y hacemos.
Ser un discípulo genuino de nuestro Señor Jesucristo no es solo el ideal del cristiano que anhelamos ser, sino también el único camino para experimentar plenamente la vida que Él ha diseñado para nosotros. Es una vida de propósito, transformación y comunión con su voluntad.
Formar discípulos es, sin duda, el sendero más lento hacia el crecimiento. Pero también es el más firme, el más profundo, y el más seguro para alcanzar la meta de ser perfeccionados en el proceso de la vida, mientras avanzamos hacia la plenitud que nos espera en el cielo. Como lo declara Efesios 4:13: “…hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hasta ser un hombre de plena madurez, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” (RV2015)
Lastimosamente, muchos creyentes se conforman con servir en tareas visibles o prácticas dentro de la iglesia —como colocar sillas, atender a los asistentes, enseñar a los niños, participar en la alabanza, contar ofrendas, o incluso pastorear— porque esas funciones, aunque valiosas, resultan más accesibles que el profundo compromiso de formar un discípulo de Cristo, y es allí adonde la iglesia pierde su rumbo y su propósito de existir
Hacer discípulos implica un costo elevado, y sin embargo, el costo de no hacerlos es infinitamente mayor.
Como iglesia Conexión Vida, abrazamos con convicción las instrucciones claras de nuestro Maestro. Nos esforzamos por vivirlas con fidelidad, y lo seguiremos haciendo mientras Él nos llame… o hasta que regrese por su iglesia.
